TABLAS ROTAS (¿?)
Aquí presento mi renuncia indeclinable
a esta farsa, por distintas razones:
esas damas no tienen corazones,
y el caballo se ha vuelto gobernable.
Las torres han caído en el enroque.
El peón, resignado, ya no acusa
al alfil que escapó en hipotenusa,
ni al rey tan cobarde y sin estoque.
Tomar el centro, se sabe, es para grises,
ajenos al dolor de cada herida,
del exilio que provocan las partidas.
Por eso, entre otras cosas, no habrá bises.
Entonces, cuando ataque el rey, usted me llama
y yo vuelvo a llorar por ningún drama.
Tóma Durrieu
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Acá hubo una guerra. Lo sé por la sangre seca, las paredes destruidas y los renglones errantes.
Acá hubo una guerra. Lo sé por la sangre seca, las paredes destruidas y los renglones errantes.
las
minúsculas odiaban que no se las usara para ENFATIZAR. las desesperaba ser
grises en el texto, no llamar la atención más allá de alguna “l” o una “t”. la
“h” no lo lograba ni siquiera por momentos.
Las
mayúsculas, rara vez tenían la última Palabra. Pero siempre marcaban el rumbo.
Daban el primer paso. Iban al frente. CORAJUDAS.
las
“bajas” se conformaban con no sobresalir. sin embargo, odiaban que otras lo
hicieran. “es cuestión de mayorías”, decían las ridículas.
A
las “Altas” les importaba un carajo todo eso. Cada cual decidía sus vidas.
“Cada quien elige los riesgos que quiere correr”, argumentaban.
la
batalla fue feroz. Ninguna tuvo piedad por la otra. se arrancaban los cascos
como quien destapa un vino.
Todo
esto costo CARÍSIMO.
en
fin, ninguna guerra se puede pagar con monedas.
durante
media hora, los márgenes quedaron despoblados –en las sombras y con anteojos
negros-. Los mensajes de amor de los universitarios estuvieron a punto de
extinguirse.
Se
prohibieron los parciales por falta de machetes.
millones
de escritores quedaron más abandonados que nunca, puesto que ahora, no sabían
cómo volcar la soledad.
Las
servilletas de los bares sólo servían para limpiarse. Digamos que eran
inútiles. las tildes correteaban por ahí, desatadas.
¡TODO
ESO PASÓ DURANTE UNOS INNUMERABLES 30 MINUTOS!
Nada
cambió, después de todo esto.
Nadie
pagó por todo esto.
no
hubo más ganas de amar… después de todo.
Hubo
más amor. Solamente.
Tóma Durrieu